Hay momentos que uno visualiza pero no se hacen realidad, hay otros donde todo parece ser perfecto, sin embargo el momento no lo es. Muchos periodistas sé que darían mucho por una noticia que llamara la atención a sus lectores ó audio/oyentes, algo que no fuera muy común y que al mismo tiempo dejara un mensaje. Pues este fin de semana me encontré con, tal vez, la noticia más curiosa que me he podido encontrar en mi corto recorrido como periodista, y así de curioso fue nuestro encuentro.

Aproximadamente una semana antes, por medio de una red social llamada Twitter, una “Following” o persona a la que sigo, publicó en su espacio una dirección web, que era de una persona que está recorriendo el mundo en bicicleta y por medio de su página mostraba a los usuarios por dónde iba, fue ahí cuando entré al portal y me di cuenta que no era cualquier persona, y no lo digo porque fuera algún famoso, sino porque era un persona de edad, tal vez de la que muchos ni se imaginan, 65 años.
Revisé la página de arriba a abajo, sus fotos, videos y textos. Pude entender que era un brasilero que le estaba dando la vuelta al mundo en un proyecto llamado “pedaliando por la paz”, que ya había recorrido gran parte de Latinoamérica y que justamente estaba pasando ese fin de semana por Popayán y Santander de Quilichao, lo que me llamó la atención, así que le escribir un mensaje sencillo diciéndole brevemente que cuando pasara por Cali, si en algo le podría ayudar, que contara con mi apoyo.
Entonces esperé, pasó el fin de semana, el lunes, martes, miércoles, hasta que en la noche de ese día me respondió. Me dijo que el otro fin de semana iba a estar en Cali, o el viernes o el sábado llegaba. En ese momento, como periodista, mi olfato empezó junto a mi imaginación a desarrollar ideas de cómo sacar provecho de esta situación, algo normal de nuestra profesión ya que es nuestro trabajo el de buscar la noticia y divulgarla.
Lo que restó de ese día, el jueves y la mañana del viernes, estuve pensando en cómo iba a ser ese encuentro, de qué forma le podría colaborar, si en realidad quería que le colaborara, hasta pensé si me iba a pedir dinero y yo más ‘pelao’ porque empezó ese miércoles el Festival Petronio Álvarez y peor el fin de semana festivo.
Finalmente llegó el viernes y las ansias me hacían pensar más de la cuenta, tanto que por un momento me predispuse en conocerlo, hasta que a la 1:48 pm me llamó y en medio de clase le contesté. No sabía de quién era ese número, efectivamente era de un ‘minutero’, pero por su acento brasilero y nombre poco común, Valdo, lo reconocí, lo saludé y le dije que me llamara en diez minutos porque estaba un poco ocupado, se despidió y en medio del asombro del primer acercamiento, seguí en la clase pensando en cómo iba a ser el itinerario de cuando saliera de clase.
Pasaron alrededor de dos horas y ya me estaba preocupando, me imaginé que de pronto él habría pensado que le quería sacar el cuerpo, de pronto en algún otro lado le habría pasado un caso similar y prefirió no volver a llamar. Entonces devolví la llamada al ‘minutero’ del que me había llamado y me contestaron, me dijeron que él había dejado dicho que iba a llamar a las cinco de la tarde, entonces decidí esperar la hora que faltaba.
Fue así como me llamó a las 4:48 pm y me dijo exactamente dónde se encontraba, cerca al Súper Inter de Meléndez, así que le dije que lo iba a buscar a las seis de la tarde. A esa hora fui, busqué la casa azul que me había descrito, cerca al almacén, sin embargo no lo encontré y con algo de afán porque tenía que estar en media hora en una reunión, pero con remordimiento de no poderlo conocer, me fui.
Luego de llegar a mi casa y revisar el correo, vi que me había enviado un correo, diciéndome que me había esperado pero que no aparecí, y después un número de teléfono fijo de donde se estaba hospedando, así que cerca de las 9:00 pm llamé a ese número y empezamos a hablar para ponernos de acuerdo para vernos.
Le comenté sobre el Festival Petronio Álvarez, que justo era ese fin de semana, y le gustó la idea, y así quedamos en vernos al siguiente día a las 5:00 pm donde se estaba hospedando, la casa de otro ciclista llamado Hernan quien es “el que hospeda a los ciclista que están recorriendo el mundo“, según me comentó un vecino mientras me daba a la tarea de encontrar la casa, que no se encontraba tan cerca del almacén, sino a unas cinco cuadras.
Sin mayor inconveniente llegué a la casa de Hernan, un hogar humilde con jeep verde estacionado afuera. Desde la puerta se alcanzaba a ver lo profunda que era la casa y además que tenía un patio o solar amplio al fondo. La puerta estaba abierta sin embargo tenía una reja blanca que no permitía el paso, así que grite el conocido, “bueeenas”. Se asomó un señor barbado, dijo unas palabras que no entendí y se fue hacia el final del patio, luego se acercó una señora y me abrió la puerta, haciéndome pasar y diciéndome que el señor ya venía, sí, Valdo era el barbado.
Me senté en el sillón de la sala, que quedaba cruzando hacia la izquierda en la mitad entre la puerta principal y el solar, mientras pasaba un partido de América, no recuerdo con quién. Pasados unos diez minutos, con un español en ocasiones bien pronunciado para ser extranjero, me saludó asombrado de que yo fuera Cristhian, la persona con la que se había comunicado, ya que curiosamente por la voz, pensaba que yo era un señor que me aproximaba a los 50 años y tenía una barriga prominente.
Luego de un poco de risa, de mostrarme su cicla poco común, tuve la confianza de decirle que nos fuéramos lo más pronto para poder ver el evento, a lo que me dijo que se iba a bañar y ya salía; realmente me preocupó porque en pocos minutos empezaba, así que preferí sentarme y relajarme hasta que saliera, unos 20 minutos. Luego bajamos hasta la estación del Mio de Meléndez y cogimos el bus hasta la Plaza de Toros.
Durante el recorrido me comentaba lo diferente de las culturas que había conocido y varias anécdotas de sus viajes. Muchas experiencias que no podré contar aquí, que fui afortunado de tener la oportunidad de escucharlas y entender que entre la diferencia de todo tipo, lo humano siempre es lo que nos une o como el mensaje de la película “Babel”, donde se muestra que son diferentes las formas de llegar a la felicidad pero el dolor siempre es lo que nos une.
Mientras viajábamos y entrábamos al Petronio, que por cierto estaba demasiado lleno, sentí lo importante de su labor, de su proyecto de recorrer el mundo, dando un mensaje de paz y unidad. En realidad conocí a un ser humano sencillo pero complejo para muchos en su decisión de dejarlo todo y viajar por el mundo dando un mensaje, y más a esa edad. Una persona que ha dado toda su vida al servicio de la humanidad, gran parte siendo sacerdote, ahora retirado, y al mismo tiempo como voluntario de trabajo social en comunidades vulnerables de diferentes continentes como África y Europa.
Algunos periodistas o estudiantes de periodismo disculparán mi decisión pero hay noticias que es mejor vivirlas como experiencia y puedo decir que “paseando con la noticia” aprendí lo valioso de nuestra labor en medio de las lógicas en los medios masivos de comunicación que buscan el sensacionalismo.
Nota: Un artículo que reflexiona sobre el oficio del Periodismo. No publicado en una Revista por no «habersele sacado más provecho a la historia del señor que viaja en su bicicleta», una contradicción a lo que quería con el artículo, por eso lo publico en mi Blog.
*Publicado en mi anterior Blog «Trova Urbana» el 29 de septiembre del 2009.

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